El suicidio: la pandemia de nuestro tiempo


Seneca Suicidio Fernando Mosteiro
La muerte de Séneca, obra de Manuel Domínguez (1871)

Las circunstancias de la muerte de Séneca son, para los amantes de la historia, de sobra conocidas. El trágico final de uno de los mayores filósofos que había engendrado Roma tomó lugar en el año 65 d.C, cuando fue acusado de conspirar junto con Pisón contra el emperador de la época, Nerón, quién otrora fuera alumno y protegido del pensador hispano. Lucio Anneo Séneca se quitó la vida para evitar ser vilipendiado por el emperador y sus secuaces, pero no fue hasta el tercer intento cuando logró su propósito. Optó primero por cortarse las venas de sus brazos y piernas, lo cual no surtió el efecto buscado conque pidió a su médico personal Eustacio Anneo que le proporcionara cicuta, la cual bebió pero sin éxito. Al final acabó quitándose la vida inhalando vapores de un gran baño de agua caliente hasta ahogarse.


El suicidio de Séneca es uno de muchos casos ilustres y a la postre romantizadas muertes que nos dio la historia. Pero si nos trasladamos a los últimos instantes del filósofo estoico encontraremos de todo menos heroísmo ni grandeza, como falsamente se nos suele mostrar. No fue hasta finales del siglo XIX cuando un sociólogo francés, Émile Durkheim, abordó el problema del suicidio de manera exclusivamente sociológica y científica, deshaciéndose de los predominantes juicios morales que acarreaba el hecho en su presente.

Durkheim Suicidio Fernando Mosteiro
Émile Durkheim, considerado padre fundador junto con Karl Marx y Max Weber de la sociología como ciencia empírica

Émile Durkheim (1858 - 1917) es considerado como uno de los padres de la sociología positivista, y precursor del método científico para la comprensión moderna del comportamiento humano y sus estructuras organizativas. En su obra Le Suicide de 1897, aborda esta problemática con el uso de numerosas variables y de datos recogidos en los diferentes países europeos que conforman la muestra para su estudio, con la genuina intención de discernir las posibles influencias a la hora de explicar los suicidios en las distintas sociedades del antiguo continente.


A partir de este ensayo, Durkheim distinguirá cuatro tipos de suicidio, que explicamos y analizamos a continuación:


- Suicidio egoísta (déficit de integración)


Tiene lugar cuando los vínculos sociales del individuo son débiles y su sentimiento de pertenencia o compromiso con el grupo es bajo, conque la ausencia de esta coerción social libera al sujeto en su pretensión de quitarse la vida. Es el tipo de suicidio más común en las sociedades modernas.


- Suicidio altruista (exceso de integración)


Causado por todo lo contario al anterior, aquí la ausencia de ego del sujeto es fundamental para entender su voluntad de suicidio si dejan se ser útiles o provechosos para el propósito de su grupo de influencia. Durkheim pone el ejemplo de los pueblos celtas, donde se documentaron suicidios de ancianos que no podían participar en los trabajos diarios del poblado por su avanzada edad.


- Suicidio anómico (déficit de regulación)


Este tipo de suicidio es el característico de sociedades en crisis, ya sea de índole económica, guerras, etc. La ausencia de normas fijas de convivencia y estabilidad, que existían ayer pero hoy entran en disputa, conducen al surgimiento de corrientes sociales de desánimo que acaban afectando al sujeto de múltiples formas.


- Suicidio fatalista (exceso de regulación)


La causa de este es debida a la enorme coerción y control que ejerce la sociedad o el grupo social predominante al sujeto de referencia, provocando en este último la sensación de jaula de la cual solo podría escapar mediante el suicidio. Podemos incluir a Séneca en este tipo, además de ejemplos más generales como las sociedades esclavistas.


Mediante el uso y explicación de estos cuatro ejemplos, Durkheim esboza un gran panóptico de las causas generales que motivan al individuo a cometer suicidio y atentar contra su propia vida. Famosa es la relación causal que afirma el sociólogo francés entre sociedades católicas y protestantes, donde en las primeras se registra una menor tasa de suicidios frente una mayor tasa de las segundas. Esto se explica por el tipo de vida y sentimiento de comunidad que funciona a modo de bálsamo en las comunidades católicas del continente, frente a una moral más individualista característica de los países protestantes. Esta suposición se encuentra en entredicho ya que Durkheim utiliza a la actual Alemania en su estudio como población de muestra, donde el protestantismo predominaba en las áreas urbanas y el catolicismo en las rurales, obviando este propio dato a la hora de explicar la diferencia de tasa entre una población y otra.


Pero no nos vayamos por las ramas. Una vez explicado grosso modo cuales son las causas y motivos que pueden conducir al individuo al suicido, trasladémonos a nuestro presente, ciento veinte años después de la publicación del estudio de Émile Durkheim. En España se registraron 3604 suicidios solo en 2015, cifra que se mantuvo el año siguiente con 3569 y podríamos seguir así con años anteriores. Adjunto al lector/a el siguiente recuadro donde, según datos obtenidos del INE, aparecen reflejadas las muertes por suicidio en España desde el año 2000:

La cifra total de suicidios desde el año 2000 al 2018 en España asciende a 65778 personas. Sin la intención de hacer comparativas fuera de contexto ni con la pretensión de desmerecer otras reclamaciones sociales más que justas, podemos recopilar las muertes perpetradas por ETA desde sus inicios a mediados del siglo XX, que ascienden a 864 muertes o, por otro lado, desde 2003 a 2019, 1032 mujeres fueron víctimas de violencia de género. Me gustaría recalcar que la fría cifra de 65778 personas que cometieron suicidio tenían todas nombre y apellidos, formaban parte de unas familias que dejan en este mundo totalmente rotas y un su trágico final acaba por generar un drama social en el contorno que la persona habitaba de gran calado. Pero esto no es noticia, de esto no se habla. ¿Por qué?

Suicidio CoVid 19 Fernando Mosteiro
Se prevé que se suceda un aumento de suicidios tanto en el año 2020 como el 2021 derivados de las consecuencias psicológicas de la pandemia del CoVid 19

Con esto quiero hacer reflexionar al lector/a sobre la situación crítica que vive el ser humano moderno sobre su bienestar psíquico-emocional, como si siguiéramos viviendo en una sociedad cerrada, clerical y moralista, la cual veía el suicidio como uno de los mayores pecadores que el individuo podía realizar ante Dios. Parece que el mayor logro de las instituciones públicas y entes privados en este campo es la cobarde actuación de mirar hacia otro lado, como si esto provocara la disolución de la problemática cual elixir mágico. Solo hace falta pararse a pensar cuantas veces se ha hablado o ha aparecido ante la opinión mediática - véanse programas de televisión, periódicos de gran tirada, etc. - el asunto que nos atañe en este artículo. O también, de una manera más pragmática, la asistencia al sistema público de salud por desórdenes psicológicos. De esto puedo hablar en primera persona, ya que viví en mis propias carnes la indiferencia sepulcral de distintos médicos de cabecera, ya sea por desinformación u otras causas, hacia las dolencias de carácter psicológico. Y qué decir del número de psicólogos en el sistema nacional de salud que, a ciencia cierta, son insuficientes.


Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que sufrimos el inicio de una nueva pandemia o, más bien, de un nuevo tipo de época pandémica. Una vez que en la sociedad moderna se suministraron los recursos suficientes para solventar las necesidades básicas de los individuos estos empezaron a experimentar otro tipo de carencias, de dolencias más profundas y menos detectables a primera vista. Conformamos la generación de la ansiedad, de la depresión, los "niños mimados" de la historia, pero no por ello menos trágicos y con un horizonte incierto en el que como sociedad deberemos luchar contra nuestros fantasmas frente a frente. Sin la mala e irresponsable costumbre de mirar hacia otro lado.

Teléfono de la Esperanza: 717 003 717

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