La España trágica

Actualizado: 2 may 2021


Fernando Mosteiro Goya España
Duelo a garrotazos o La riña, Francisco de Goya

Pocas obras pictóricas en la historia universal pueden ser tan insignes sobre la esencia de un pueblo. ¿Pueblo? Igual ya empiezo a embarrarme con este tipo de declaraciones. ¿Pueblo de pueblos? ¿Qué es España? ¿Realmente interesa responder a esta última pregunta? A lo largo de los siglos pasados, muchas personas intentaron plantearse esta cuestión, y no pocas salieron malparadas. Dijo Estanislao Figueras, primer presidente de la efímera I República de 1873, momentos antes de dimitir en su último consejo de ministros:


Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros! Si echamos la vista atrás podemos observar el carácter eminentemente belicoso de los pueblos de la península ibérica. Numerosos autores grecolatinos recogieron en sus textos ejemplos de esto, desmitificando el que conocemos a día de hoy como buen salvaje, aquel individuo que en plena comunión con la naturaleza y su entorno vive en paz con los y lo que le rodea. Estrabón, historiador y geógrafo griego de la antigüedad, describe el genio de los pueblos celtíberos como guerrero y leal. Los súbditos de un jefe tribal ibero seguían a este a la batalla con entusiasmo, hasta tal punto que si el líder caía en la refriega el lazo que les unía obligaba a sus soldados compartir la misma suerte, ya fuera muriendo en combate o, última instancia, suicidándose. Esta lealtad ciega e irracional sorprendería tanto a cartagineses como a romanos. Pero no perdamos el asunto. ¿Qué es España? ni siquiera los historiadores tienen un acuerdo unánime en esta cuestión. Algunos se remontan al reinado de Leovigildo (568 - 586 d.C) en el que, después de una serie de guerras y conquistas, se acaba proclamando rey de Gallaecia, Hispania y Narbonensis, formando así el reino visigodo de la península ibérica. Por otra parte, algunos sitúan el origen en el primer reino astur que se formaría años después de la victoria en la mítica batalla de Covadonga del 718 d.C, siendo esta fecha motivo de controversia junto con la existencia de la figura de Don Pelayo, caudillo de las huestes astures. En todo caso, el punto de inicio que goza de mayor consenso entre los historiadores modernos de consolidación de la unidad de los distintos reinos de la península y, por tanto, de España como ente político tal y como lo conocemos a día de hoy, es el matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, datado en el año 1469. La unión de los mayores reinos de la península se hizo efectiva, junto con la posterior conquista del reino de Navarra a principios del siglo XVI, pero no con ello las diferencias tanto políticas como culturales entre territorios. Tanto Castilla como Aragón siguieron funcionando como entes independientes, al menos en su inicio. También cabe destacar que el reino de Castilla añadió el reino de León en la figura de Fernando III "El Santo" dos siglos atrás, por lo que podemos observar la heterogeneidad de reinos y otros entes políticos en la península, cada uno con sus características propias.


Fernando Mosteiro España
Representación de la península ibérica a finales del siglo XV

Más tarde, con la llegada de la dinastía Habsburgo, lo que otrora fuera un reino se acabaría convirtiendo en un imperio bajo el que convivieron, en muchos casos de manera convulsa y hostil, numerosos pueblos tanto de Europa como del nuevo mundo. La conquista y colonización de estos últimos territorios, las Indias, daría suficiente tela como para otro artículo, pero he de intentar centrar la cuestión. Quien me haya leído con anterioridad sabe de sobra mi defecto de divagación y explicación ad infinitum con temas que no se atañen al asunto. Lo que intento desarrollar es que España es, a lo sumo, un ente abstracto. Es un término que engloba características que todos y todas conocemos, que podemos relacionar entre si, pero que no explican o determinan el carácter de un pueblo, de una gente, de un sentir concreto. Se convierte entonces en un concepto de radical generalidad, del cual saco mis propias conclusiones, entre las que puedo destacar las siguientes: - No hay cabida para un sentir español único. - Este carácter multi-dimensional resulta conflictivo a priori. - El intento de centralización política solo puede ser síntoma de preponderancia de un sentir respecto a los demás. La historia moderna de España es sumamente difícil de entender si no tratamos de explicar los distintos sentires de cada uno de sus pueblos. Con esto no quiero desdeñar otro tipo de factores que influyeron e influyen actualmente en cada agente político, cultural y social, tanto interno como externo. La trágica guerra civil que se inició en 1936 acabó siendo la catarsis de los distintos pueblos de España, tras unos siglos de decadencia notoria (cabe destacar aquí el convulso siglo XIX) y la inestabilidad característica en la década de los 30 del panorama europeo e internacional, con el surgimiento de corrientes políticas como el comunismo y el fascismo, enemigas ambas de la democracia liberal decimonónica, no haría más que generar un caldo de cultivo idóneo para la confrontación armada. La polarización, intransigencia y odio al diferente acabó conformando el combustible perfecto para el conflicto. Resulta deleznable que aún a día de hoy se hable de la guerra civil con tan poca idea, conocimiento y vergüenza. Que en nuestro presente nos sigamos creyendo los discursos partidistas de uno u otro bando, sin tratar de conocer la verdad sobre el asunto, nos define como una sociedad de tres al cuarto. La dialéctica de la lucha del bien contra el mal, siendo esta distinta dependiendo de la perspectiva que tomemos, ha calado hondo en nuestro inconsciente colectivo, como si la historia se pudiera conocer en mítines o debates de televisión vacíos de contenido pero repletos de soflamas. En mi caso personal, nací en Madrid, soy gallego y tengo lazos profundos con el País Vasco. Creo profundamente que la ingente diversidad lingüística, cultural, gastronómica como otros factores, debe ser nuestra virtud, no defecto. Nuestro orgullo, no vergüenza. El concepto España actualmente es trágico, y sobran razones para ello. Si España no acaba convirtiéndose en un refugio donde todos y todas podamos sentirnos representados, respetados y admirados, volverá a predominar un sentimiento patriótico sobre los demás, llevando a cabo de nuevo la opresión y menosprecio al que estamos, tristemente, acostumbrados. Pero ¿Se ha de tener esperanza en un país que tiene bajo una cuneta, desde hace más de 80 años, a uno de sus mejores literatos?

Nada turba los siglos pasados. No podemos arrancar un suspiro de lo viejo. El pasado se pone su coraza de hierro y tapa sus oídos con algodón del viento. Nunca podrá arrancársele un secreto. Sus músculos de siglos y su cerebro de marchitas ideas en feto no darán el licor que necesita el corazón sediento EL PRESENTIMIENTO (Libro de Poemas, 1921) García Lorca Lo sé, querido Federico. Pero cuesta, cuesta tanto...

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