Los hermanos Graco y el ocaso de la república romana, pt. 2

Actualizado: 20 may 2021


Graco Roma Fernando Mosteiro
Topino-Lebrun, François (1798) La muerte de Cayo Graco

Como lo prometido es deuda y refugiándome en el refranero popular, nunca es tarde si la dicha es buena, traigo al lector/a la segunda parte sobre las figuras de los hermanos Graco, políticos de gran relevancia en la historia de la Roma republicana, centrándonos en el presente artículo en el personaje de Cayo Sempronio Graco, hermano menor de Tiberio y quién será uno de los grandes oradores de su tiempo, además de poseer un genio político notable que hará temblar los cimientos de la sociedad aristocrática y senatorial de Roma.


¡Aviso para navegantes! Recomiendo detener la lectura del presente artículo si no se ha leído la primera parte del mismo, en la que se trata el devenir de los hechos históricos del momento y las reformas de Tiberio Sempronio Graco, resultando su conocimiento de suma importancia para poder disfrutar de la lectura de esta segunda parte. Lo podéis encontrar en las entradas relacionadas al final de este artículo.


Sin más dilación adentrémonos en la figura de Cayo Sempronio Graco, quien podemos afirmar que fue uno de los políticos más influyentes de la República romana, sentando las bases de la facción política de los populares, a la cual pertenecieron a la postre personajes de la talla de Cayo Mario o Julio César, y que tendrá su apoyo en las capas más populares de la ciudad de Roma y en la defensa de sus intereses frente a los optimates y la clase senatorial. Hasta donde se sabe, Cayo desapareció de la vida pública de la urbe después del asesinato de su hermano Tiberio y de sus seguidores en el foro por Násica y sus secuaces, pero volvería de su retiro y quietud motivado; según se dice, por la aparición en uno de sus sueños de su hermano Tiberio, el cual saludándole le dijo:


¿Por qué causa o en qué te detienes, Cayo? No hay como evitarlo: una misma vida y una misma muerte, por defender los intereses del pueblo, nos tiene destinados el hado. (Plutarco. CG,1)

Graco Roma Fernando Mosteiro
"Despedida de Cayo Graco de su familia", Dióscoro Puebla Tolín (1858)

Fuera esto verdad o por el contrario una buena historia para contar delante de sus seguidores, Cayo se convirtió en heredero único de la inmensa fortuna de la familia Sempronia y comenzaría su cursus honorum* como cuestor del cónsul Lucio Aurelio Orestes en Cerdeña en el año 126 a.C, isla en la que pasaría varios años desempeñando varios cargos de relevancia. La oposición senatorial desarrolló fuertes críticas a su gestión durante estos años en aquella isla del mediterráneo occidental con la intención de minar su reputación ante la plebe, objetivo que no lograrían ya que Cayo fue nombrado tribuno de la plebe a su vuelta a Roma diez años después que su hermano Tiberio, en el 123 a.C. Llegados a este punto, y con la intención de reanudar las reformas de su difunto hermano, Cayo emprendió numerosas políticas que centraban el foco en una, como definió Cicerón, desarmonización* de la sociedad romana, reparto del ager publicus y manutención de trigo y otros cereales a la población. Podemos resumir sus leyes promulgadas durante su mandato de la siguiente manera:


- Lex ab actis, por la cual cualquier magistrado que fuera destituido por la plebe quedaba incapacitado para desempeñar cualquier otro cargo público.


- Lex de capite civis, o también conocida como Lex Sempronia de provocatione, que proponía llevar a juicio a quienes hubieran ajusticiado a otros ciudadanos romanos sin apelar a la plebe, como le había ocurrido a Tiberio años atrás.


- Lex iudiciaria, mediante la cual desmonopolizaba el acceso a la judicatura de la clase senatorial y abría la posibilidad a la orden ecuestre de desempeñar estos cargos.


Y podríamos seguir con otras tantas, como una profundización en la reforma agraria y reparto del ager publicus, un control sobre los precios del trigo para la alimentación de las clases más desfavorecidas y un ambicioso programa de construcción y reparación de las calzadas de la península itálica. Pero me gustaría centrarme en la ley sobre la judicatura, la cual sería a la postre la más polémica de todas las leyes promovidas por el joven de los Graco, ya que desplazaba a la aristocracia romana de uno de los poderes fácticos de la República, ahondando así en la profunda lucha de clases; disculpe el lector/a el inevitable anacronismo, que acabaría provocando el surgimiento del principado, o mejor conocido, imperio romano. De la siguiente manera retratan distintas fuentes las motivaciones de Cayo Graco en este tema:


Se pasaba los días diciendo abiertamente que, una vez desaparecido el Senado, todos los asuntos tenían que ser gestionados por la plebe. (Val. Max. Hechos y dichos memorables. 3.2.17)


De forma injusta, transfirió los juicios al orden ecuestre, creando una ciudad con dos cabezas, origen de las discordias civiles. (Varro, De Vita Populi Romani, fr. 114 Riposati = 425 Salvadore)


Esta animadversión hacia el Senado y sus integrantes se manifestaría no solo en las leyes promulgadas, sino en el propio modo de actuar de Cayo en la vida pública. Famosos fueron sus discursos en el foro dando la espalda al edificio del Senado, acto simbólico que pretendía que fuera toda una declaración de intenciones. Los distintos discursos o comunicaciones que se daban casi a diario en el foro de Roma siempre se realizaban con el orador de cara hacia la Curia, a modo de respeto a las instituciones vigentes, pero Cayo nada les debía a estos aristócratas y de este modo lo ejemplificaba a sus devotos seguidores.

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Cayo Graco dirigiéndose a la asamblea de la plebe, Cuadro de Silvestre David Mirys - 1799

Pero todos estos agravios no quedarían impunes. El Senado, aprovechando que Cayo Graco se encontraba en Cartago atendiendo las obras de la nueva colonia romana en la antigua ciudad fenicia, dio su apoyo a Marco Livio Druso en su candidatura al tribunado de la plebe para el año 122 a.C, comicios que acabaría ganando mediante el uso de la demagogia y la proposición de falsas reformas más profundas y de mayor calado que las de Cayo, con el único propósito de sacar del cargo a este último. A esto se le añadiría la controvertida Rogatio Sempronia de sociis et nomine Latino, que proponía la expansión de la ciudadanía a los aliados latinos de la península itálica y su derecho a voto, lo que encontró una fuerte oposición senatorial y entre la propia plebe de la ciudad de Roma, temerosa de pérdida de relevancia en los asuntos de la urbe.


Una vez perdida la elección y con el ánimo exaltado por una posible manipulación de los comicios, Cayo y sus seguidores trataron de imponerse mediante la violencia para proteger las reformas llevadas a cabo en los dos últimos años. Esto provocaría que el Senado decretase al más joven de los Graco y a sus secuaces como enemigos públicos de Roma, y dotó de plenos poderes a los cónsules Quinto Fabio Máximo y Lucio Opimio para restablecer el orden público y detener a Cayo. Este último y muchos de sus colaboradores se refugiaron en el Aventino, uno de los barrios más populares de la ciudad de Roma, donde presentaron resistencia a las fuerzas opositoras, pero esta pequeña contienda no podía más que terminar de forma fatídica para ellos. Viéndose rodeado por enemigos, Cayo huyó del Aventino acompañado de varios colegas suyos y su fiel esclavo Filócrates, llegando al bosque de Furrina donde solicitó a su esclavo que le quitara la vida y así evitar la deshonra de ser atrapado por las huestes senatoriales. Así nos lo refleja Plutarco en su obra Vidas Paralelas:


Entregóse Cayo a la fuga; y yendo en pos de él sus enemigos, le iban ya a los alcances junto al puente Sublicio: entonces dos de sus amigos le excitaron a que apresurase el paso, y ellos en tanto hicieron rente a los que le perseguían, y pelearon delante del puente, sin dejar pasar a ninguno hasta que perecieron. Acompañaba a Cayo en su fuga un esclavo llamado Filócrates; y aunque todos como en una contienda, los animaban, ninguno se movió en su socorro, ni quiso llevarle un caballo, que era lo que pedía, porque tenía ya muy cerca a los que iban contra él. Con todo se les adelantó un poco, y pudo refugiarse en el bosque sagrado de las Furias, y allí dio fin a su vida quitándosela Filócrates, que después se mató a sí mismo…


Lo ocurrido después de la muerte del último de los hermanos Graco es ya historia. La promulgación de la Lex Thoria destruyó gran parte de la obra política de Tiberio y Cayo, pero esto no evitaría la creciente inestabilidad que predominó en los últimos cien años de la república, con una lucha incesante entre las distintas clases sociales de la ciudad del Tíber, y que encontraría su cénit con el célebre asesinato de Cayo Julio César en los idus de marzo del año 44 a.C y la consiguiente guerra civil que auparía a su sobrino, más conocido con posterioridad como Octavio Augusto, como primer emperador de la historia de Roma.

Glosario:


- Desarmonización: término con el que se refirió Cicerón para definir las políticas promovidas por el tribuno Cayo Graco, con la intención de desestabilizar las relaciones de poder imperantes en la Roma de la época.


- Cursus honorum: nombre que recibía la carrera política o escalafón de responsabilidades públicas en la Antigua Roma.

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