Alejandro Magno y su encuentro con Talestris, la reina amazona

Actualizado: 2 may 2021


Alejandro Magno Fernando Mosteiro
Detalle del mosaico encontrada en Pompeya, donde aparece Alejandro a lomos de bucéfalo en la batalla de Issos

Corría el año 330 a.C. Alejandro y su ejército llevaban seis años guerreando sin descanso. El joven monarca ascendió al trono en el 336 a.C después de que su padre, Filipo II de Macedonia, muriera asesinado merced de un complot, según varios historiadores, orquestado por Olimpia, madre de Alejandro. Debido a su juventud - contaba con veinte años de edad en aquel momento - se enfrentó a la insumisión de varias polis griegas, barriendo y saqueando sin piedad las ciudades traidoras, evitando de esta manera cualquier tipo de rebelión futura que se pudiera dar en la Hélade.

A partir del 334 a.C materializaría el gran objetivo que su padre tenía en mente, lanzarse a la conquista de los vastos territorios del mayor enemigo de los griegos, el Imperio Persa. Con las victorias del Río Gránico (334 a.C), batalla en la que cerca está de encontrar la muerte el propio Alejandro, Issos (333 a.C) y la épica batalla de Gaugamela (331 a.C), el joven rey macedonio termina doblegando al imperio que dominaba Darío. Bajo persecución de Alejandro, Darío es traicionado y asesinado por las continuas derrotas frente a los griegos, siendo el artífice del magnicidio Bessos, noble persa que se autoproclamó acto seguido rey de Persia, acto que el macedonio no se tomó demasiado bien.

Siguiendo los pasos de Bessos, Alejandro llegó con su ejército a la región de Hircania, al sur del Mar Caspio. Os dejo una pequeña imagen para que podáis ubicar dicha región con facilidad:


Alejandro Magno Fernando Mosteiro
Hircania, actualmente el norte de Irán y a orillas del mar Caspio

Una vez pacificada la zona, en la que tuvo varios enfrentamientos contra la tribu local, los denominados Mardos; se presentó en su campamento una reina amazona con trescientas guerreras como acompañantes, las cuales llevaban un mes cabalgando para encontrarse con aquel famoso macedonio que había derrotado a los poderosos persas. Su nombre era Talestris, y la apariencia de esta y su séquito de guerreras asombraron a las huestes macedonias. Quinto Curcio Rufio, autor de La historia de Alejandro Magno de Macedonia, nos ofrece una descripción de estas indómitas mujeres:

Una túnica de mangas largas de color claro con bordes dorados, cinturón con hebilla de oro, alguna piel de animal en el cuello, una falda larga para montar a caballo, botas de cuero y una capa de piel de leopardo. En el cinto llevaba una daga de tamaño medio, arco y flechas típicos de los escitas, dos lanzas cortas y una silla de montar sobre una manta con ribetes dorados


Alejandro Magno Fernando Mosteiro
La reina amazona Talestris en el campamento de Alejandro el Grande, lienzo de Johann Georg Platzer

Según nos sigue contando Curcio, Talestris quedó un poco decepcionada por la altura del aclamado Alejandro, el cual tenemos constancia a día de hoy de que medía sobre 1,60 metros. Tampoco le pareció especialmente hermoso ni carismático, pero ella había recorrido llanuras y montañas, cruzado ríos y estepas con un fin claro. No perdió el tiempo nuestra aguerrida reina amazona, ya que cuando le preguntó Alejandro que qué le traía a presentarse en su campamento, ella respondió que pretendía quedarse embarazada de él, ya que se consideraba una de las pocas mujeres dignas para darle un heredero. Según nos recuerda Curcio, la reina le ofreció un pacto a Alejandro: si nacía varón sería criado y formado como macedonio pero, por el contrario, si nacía hembra, esta crecería en Oriente bajo la tutela de la propia Talestris. Diodoro Sículo nos da un testimonio del momento:

Extrañado el rey por la inesperada visita de estas famosas mujeres, preguntó a Talestris el objeto de su visita, a lo que ella le contestó que había venido para engendrar con él un hijo. Pues él era por sus hazañas el hombre más esforzado y ella sobresalía de entre las mujeres por su fuerza y su bravura, por lo que era natural que la criatura engendrada de dos progenitores tan excelentes sobrepasaría en valor al resto de los mortales. El rey, extremadamente halagado, aceptó su proposición y pasó trece días con ella (...)

Parece que Alejandro no se lo pensó demasiado. No le culparía, ya que tras años de travesías por áridos desiertos y escarpadas montañas, uno se puede volver especialmente débil ante la tentación carnal. Una vez pasados los trece días de desenfreno sexual, en el cual dudo que hablaran mucho del tiempo o de otras banalidades por el estilo, Talestris decide marcharse convencida de haber conseguido lo que buscaba. No habría "pastilla del día después" que valiera para nuestra aguerrida protagonista.

Bromas aparte, la reina amazona y su séquito de guerreras fueron despedidas con honores del campamento griego. Parece ser que Alejandro incluso llegó a formularle el deseo de que se uniera a su ejército, en su destacamento de caballería, proposición que la amazona Talestris rechazó amablemente.

Nunca se supo más de la amazona ni del posible fruto de las relaciones que mantuvieron Alejandro y ella durante los trece apasionados días que pasaron juntos, con sus respectivas noches. He de aclarar al lector que todo lo que acaba de leer no es fruto de ninguna leyenda o mito relacionado con la figura de Alejandro, este pasaje de la historia se encuentra recogido en varias fuentes de distintos historiadores antiguos. Quiero recalcar esto ya que un servidor no tiene tan buena imaginación ni talento para crear una historia tan peculiar a la par de épica.


Porque en una contienda militar no todo va a ser batallar y conquistar, ¿no?


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