El rapto de Proserpina - Gian Lorenzo Bernini


Conozco de primera mano, gracias a mensajes de muchos de vosotros y vosotras, el especial interés y cariño que el apartado artístico de la web está provocando en numerosos lectores. Os he de confesar que yo también disfruto de dedicar tiempo de vez en cuando a traeros grandes obras de arte, algunas de sobra conocidas y otras no tanto, ya que conforma un breve respiro respecto a la temática fundamental de la página web, llegando a generarse -en mi humilde opinión- un habitáculo virtual mucho más distendido y amable, donde no suelen entrar en disputa opiniones ni pareceres individuales sobre lo que se trata y cómo se habla sobre el tema en cuestión. Un apartado que tiene como finalidad única y exclusivamente hacer disfrutar al lector/a con una afición tan honrada y noble como es el arte.


Sin más dilación, acometo de nuevo un análisis de una obra más que legendaria: El rapto de Proserpina, de Bernini. Con ánimo de abrir un poco el espectro de obras que se llevan analizando, en el día de hoy trataremos una de las piezas talladas en mármol más icónicas del mundo, tanto para el gran público como para la más selecta crítica, junto con un breve repaso biográfico de uno de los mayores artistas italianos de la historia, siendo casi indiscutible el mejor escultor de su generación y del movimiento artístico al que perteneció: el Barroco.

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Autorretrato de Gianlorenzo Bernini como hombre adulto (1638-40)

Gian Lorenzo Bernini nació en Nápoles en 1598 y falleció a los ochenta y un años en la ciudad que le acogió y donde realizó la gran mayoría de sus obras maestras, Roma en el año 1680. Hijo de un escultor manierista de cierta fama en su época, aprendió de su padre los rudimentos de la escultura desde pronta edad, además de otorgarle la oportunidad de conocer a numerosos mecenas que le permitieron demostrar de manera precoz su agudo talento desde muy joven. En 1629, Bernini fue nombrado arquitecto de la basílica de San Pedro por el papa Urbano VIII. Desde entonces hasta su muerte trabajó ininterrumpidamente para los sumos pontífices, salvo un cierto paréntesis durante el pontificado de Inocencio X, quien prefirió a otros artistas. De sus realizaciones para San Pedro destacan el gran baldaquino sobre el altar mayor y el grupo escultórico de los Padres de la Iglesia que, observado a través de las columnas del baldaquino, ofrece efectos de una gran fuerza teatral, tal como pretendía el artífice, además de la columnata que rodea la plaza de la basílica de San Pedro, por la cual recibió numerosos elogios.


Lorenzo Bernini fue un políglota, dedicándose a numerosas doctrinas artísticas a la vez, pero sería en la escultura donde encontrará su pasión, vertiente en la que acabará conformándose como uno de los grandes maestros de su tiempo y de la posteridad. Creador del escultórico barroco, sus figuras rezumaban movimiento y exaltación de los sentimientos, en contraposición de la corriente artística clásica renacentista, en la cual los recursos estilísticos se decantaban por una facciones más sobrias y comedidas. Con unas obras primerizas con las que se puede empezar a intuir el magnífico talento del artista napolitano, entre las que podemos destacar Ángel con el dragón y el Fauno entretenido por cupidos realizadas conjuntamente con su padre Pietro y La Cabra Amaltea ejecutada por Bernini en solitario, llegamos al conjunto de cuatro piezas que realizó entre 1621 y 1625 con las que saltaría a la fama: Los Grupos Borghesianos. Las obras en cuestión eran Eneas, Anquises y Ascanio, el Rapto de Proserpina, el David y Apolo y Dafne. Son obras espectaculares que marcarían una nueva dirección en la carrera de Bernini. Las cuales siguen permaneciendo expuestos en la Galería Borghese de la ciudad de Roma.

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Eneas, Anquises y Ascanio, basado en la Eneida, obra escultórica perteneciente a los Grupos Borghesianos

En el presente artículo abordaremos el Rapto de Proserpina, la mayor obra de juventud del escultor italiano. Para poner antes en contexto de la obra al lector/a, cito textualmente la explicación del mito de Proserpina que nos brinda Cultura Bizarra:


La deidad de la vida en la mitología griega, era una hermosa joven, de mirada dulce y tez delicada, llamada Perséfone (hija de Zeus y Deméter, también conocida como Proserpina en la Antigua Roma). Un día, se encontraba ésta paseando junto a un grupo de ninfas, cuando de pronto Hades (Plutón), hermano de Zeus y Dios del infra-mundo, locamente enamorado de la muchacha y haciendo gala de esa pasión tan egoísta que rezumaban los dioses clásicos, surgió de las profundidades de la tierra y la raptó, convirtiéndola en la reina del Inframundo. Esta súbita desaparición sumió a Deméter, su madre, considerada diosa de la agricultura y reina de la fertilidad de la tierra, en una profunda tristeza. Obvió sus obligaciones como Diosa para buscar a su hija, lo que provocó que los campos se convirtieran en tierras áridas y los árboles se secaran. Allá por donde llevaba su pena, convertía el lugar en desierto. Como era de esperar, aquel episodio tuvo nefastas consecuencias para los humanos quienes, sin cosechas con las que alimentarse, empezaron a perecer.


Mediante la mediación de Zeus -Júpiter en la tradición romana- se logra llegar al siguiente consenso:


(...) Hades la condenó a permanecer seis meses a su lado en las tinieblas y seis meses junto a su madre. Y esta alternancia es lo que, según la mitología, provoca el ciclo de las estaciones: durante seis meses la tierra (en primavera y verano) es fértil, los árboles dan frutos, las matas florecen hermosas y los campos demuestran su naturaleza y esplendor. Por otra parte, durante los otros seis meses, cuando Perséfone debe bajar junto a Hades para reinar en las tinieblas, los árboles y las flores pierden su brillo, y la tierra su esplendor; son los meses de otoño, invierno. Perséfone pasó así a ser la deidad de la vida, pero antagónicamente, también la de la muerte y la destrucción.

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Detalle de las lágrimas de Proserpina ante el aprisionamiento de las manos de Plutón sobre el cuerpo de la ninfa

Iré facilitando durante el transcurso del análisis distintas imágenes de la obra en cuestión para que el lector/a pueda ir apreciando los distintos detalles estilísticos y temáticos que vayamos indicando. Bernini representa en la pieza una composición asimétrica -escapando así de los cánones clásicos de la escultura grecorromana- que se encuentra en pleno movimiento. Podemos observar como Plutón se encuentra en plena marcha dirección al Inframundo con Proserpina atrapada en contra de su voluntad entre sus brazos, intentando esta última zafarse por todos los medio posibles. La violencia del momento representado se refleja en la exuberante tensión existente entre los dos cuerpos, además de de dotar de sensación de movimiento a la escultura, lo que acaba otorgando a la obra un grado alto de realismo y de fuerza expresiva.


Si nos enfrentamos a la escultura desde su frontal podemos observar la utilización por parte del maestro napolitano de una composición de línea serpentinata, lo que significa que el conjunto escultórico semeja la forma serpenteante de una "S". Esto provoca visiones complementarias de los diferentes momentos del mito según el ángulo de visión. Así, si recorremos la obra de izquierda a derecha, podemos visualizar simultáneamente el momento del rapto, la llegada al submundo de Plutón sosteniendo triunfante a su víctima y la petición de auxilio de Proserpina a su madre, llorando e implorando al cielo, mientras es custodiada de manera agresiva por el Can Cerbero.

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La obra en sí es una relación continua de contrarios. El cuerpo de Plutón rudo y musculado, que hace recordar antiguas esculturas del periodo helenístico, es representado con dureza y numerosos pliegues que dan una importante relevancia a la luz, la cual provoca claroscuros entre las torsiones anatómicas del dios del inframundo; mientras que el cuerpo de Proserpina se representa con unas características totalmente antagónicas que recuerdan a un estilo clásico: fragilidad, delicadeza y sensualidad.

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Numerosos críticos de arte realizaron múltiples interpretaciones de esta obra maestra de Gian Lorenzo Bernini. Entre las más comúnmente aceptadas se encuentra la metáfora de que El rapto de Proserpina simbolizaría el enfrentamiento entre contrarios, fruto de las disputas religiosas surgidas a raíz de la reforma de Lutero y la consiguiente Contrarreforma azuzada por el propio Vaticano. Esta contraposición se refleja a través de las figuras de los protagonistas mediante los binomios lascivia-inocencia, fuerza-fragilidad o violencia-sumisión, pudiendo llegar a ampliarse a cuestiones de mayor transcendencia como la dualidad oscuridad-luz, vicio-virtud o muerte-vida.


Valiéndose de una manera revolucionaria de mirar y tratar la pieza de mármol, Bernini iniciaría una nueva corriente escultórica dentro del incipiente Barroco de principios del siglo XVII, dotando a los personajes de su obra de una carga dramática y emocional fuera de cualquier comparación en su época. Maestría y talento que aún a día de hoy nos deja perplejos a más de uno cada vez que tenemos la suerte de contemplar sus obras.




Fecha - entre 1621 y 1622


Estilo - barroco italiano


Características - mármol blanco de Carrara, Toscana. 2,25 metros de altura.




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