Otra ronda

Actualizado: 2 may 2021


Otra Ronda Fernando Mosteiro
Fotograma del filme de Vintenberg «Otra ronda»

Podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que el año 2020 y lo que llevamos de 2021 no ha sido ni está siendo un tiempo que nos gustaría rememorar a la gran mayoría de los habitantes del planeta. Llevamos demasiado tiempo viviendo con miedo, arrinconados en nuestras casas a la espera de un cambio de rumbo en el panorama. Desconozco si la intención de Thomas Vinterberg con su película Otra ronda (2020) era la de mostrarnos los entresijos más radicales de la vida ,con sus continuas idas y venidas y los distintos matices que abarcan desde la más profunda desolación hasta el mayor júbilo. En este largometraje, el aclamado director danés y uno de los fundadores del Dogma 95, nos regala una tragicomedia tan cruda como la existencia misma, con un vehemente discurso vitalista que planea durante toda la película, conformando el antídoto perfecto para nuestra pandémica actualidad y su ausencia de festejos.


Martin es un profesor cuarentón de historia en un instituto de Dinamarca. Su vida se ciñe en dar clase a unos alumnos desmotivados con su materia y a unas relaciones familiares, con su mujer e hijos, desgastadas por la inclemente rutina de lo cotidiano. En los primeros minutos de la película podemos observar como Martin, interpretado por un Mads Mikkelsen en estado de gracia, pregunta a su mujer Anika: "¿te parezco aburrido?" a lo que ella respondería "¿en comparación a cuando eras joven?". "Si". Y sin ánimo de hacer mayor daño a su marido, un rotundo silencio queda pendiendo en la sala mientras Anika se dispone a calzar y marchar al trabajo.


El punto de inflexión en la vida de Martin surgiría a raíz de una cena con tres de sus mejores amigos, profesores como él e interpretados por Thomas Bo Larsen, Lars Tanthe y Magnus Milland, reunión en la que llegarían al acuerdo de intentar demostrar una controvertida teoría del psiquiatra noruego Finn Skårderud, según el cual todos los seres humanos nacemos con un déficit de alcohol en sangre del 0,05%, variable que si se subsana correctamente proporcionaría al sujeto una vida más plena y satisfactoria. Con esto, nuestro cuarteto de protagonistas comienzan a beber desde que se levantan por la mañana, siguen bebiendo mientras trabajan en el instituto a escondidas y van redactando en un manuscrito sus experiencias y cambios que van sintiendo durante su etílico día a día.

Con el paso del tiempo los profesores empiezan a disfrutar de sus clases, comienzan a comprender mejor a sus alumnos y a generar conexiones de mayor calado con estos. El hábito de consumo de alcohol no solo genera a priori una mayor satisfacción laboral sino que, como se nos muestra con la vida familiar de Martin, también surte efectos positivos con sus seres queridos. Martin se encuentra, a fin de cuentas, alegre y jovial, con un ímpetu renovado patrocinado por el vino mañanero y el vodka vespertino. Al compartir estos resultados positivos entre todos ellos, los cuatro amigos acuerdan aumentar la dosis diaria y probar hasta qué punto la excéntrica teoría del psiquiatra noruego resulta recomendable y beneficiosa para la vida social y laboral del individuo. Como podemos pronosticar con cierta sensación premonitoria, esta decisión les llevará a una catarsis etílica de consecuencias inciertas.

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Llegados a este punto la película se convierte en toda una elegía cinematográfica de primer orden, y me gustaría conocer hasta qué punto el hecho de que la hija de Thomas Vinterberg falleciera en un accidente de tráfico - de nombre Ida, con tan solo 19 años - a los pocos días de comenzar el rodaje pudo afectar al devenir del filme. Otra ronda se convierte con ello en una oda a la vida frente las adversidades que inevitablemente se nos presentan. Con el transcurrir de los minutos, el trasiego de escenas grabadas cámara en mano en un pub con la música a todo trapo y con nuestros protagonistas bebiéndose hasta el agua de los floreros mientras bailan, festejan y lloran a partes casi iguales; Vinterberg baila de manera magistral en la cuerda floja que separa el festejo de la tragedia, el éxtasis de la desolación. En palabras del propio director en honor a su hija al recibir el Óscar a mejor película internacional podemos observar esta dicotomía:


Dudamos mucho. No tenía sentido continuar con el filme. Pero ella era parte del proyecto, hasta había opinado sobre el guion. Hubiera odiado que no lo rodara. Decidimos seguir adelante (...) La muerte de mi hija me confirmó que debía rodar una celebración de la vida. Hablo de elegir tu vida, tomar tus decisiones (...) Acabamos haciendo esta película para ella, como un monumento en su honor. Así que, Ida, esto es un milagro que ha ocurrido y tú eres parte de él, quizás incluso moviendo los hilos desde algún sitio. Pero esto es para ti.


El director danés tiene la encomiable capacidad de no juzgar lo que él mismo narra y expone al espectador. Trata a este con respecto, sin ánimo de sermonear con moraleja alguna ni sentar enseñanza pretenciosa, pero tampoco se priva de mostrarnos el lado más oscuro y funesto del consumo de alcohol. Nos permite sacar nuestras propias conclusiones sin tener que enfrentarnos con su obra lo que, desde mi humilde punto de vista, se agradece. Y mucho.


Con todo esto, no podemos pasar por alto el magnífico broche final que en el propio Mads Mikkelsen nos regala, con una de las escenas que tengo por seguro que pasará a la historia del cine como una de las danzas más icónicas del séptimo arte. Como si de un homenaje a la difunta Ida se tratara, el trance en el que se embarca el actor danés entra de lleno en la selecta lista de actuaciones espontáneas que no caben en ningún guion preestablecido. Con el tema de What A Life de Scarlet Pleasure como banda sonora de la escena, no nos queda otra opción que sonreír y agradecer al altísimo, a la madre que nos parió o a quien se quiera por existir, por seguir siendo capaces de festejar la vida en este mundo, antes de que nos llegue el momento de cruzar el Estigio y pagarle el debido tributo a Caronte.


Pros:

Cine con mayúsculas, posee escenas que dejarán huella en la mente del espectador para siempre. Todo un experimento que no pudo salir de mejor manera.


Contras:

Deja algún que otro cabo suelto, por falta de metraje en mi opinión. Pero sería injusto afirmar que esto afecta de manera notoria a la totalidad del filme.


Nota personal:


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