Mulholland Drive


Mulholland Drive Fernando Mosteiro Cine
Naomi Watts y Laura Harring

Silencio. No hay banda.


Cualquier persona que decida adentrarse en el cine de David Lynch necesita, antes que nada, de una gran capacidad para no sumirse en la más honda frustración. Eso o partir del conocimiento de que se está a punto de entrar en un mundo carente de instrumentos lógicos, estructuras convencionales y de pasiones ocultas. Requiere del espectador una voluntad férrea por, intentar al menos, reconstruir un puzzle que se nos presenta caótico, un juego macabro que termina en muchos casos por desesperar al individuo que ose descifrarlo.


Mulholland Drive (2001) es esto y más llevado hasta sus últimas consecuencias. Todo un reto cinematográfico que nos lleva de la mano, o mejor dicho nos arrastra, a la profunda e inhóspita cueva del inconsciente. Un viaje onírico en el que Lynch ha demostrado estar más que cómodo durante toda su filmografía, pero que en la película que nos atañe en el día de hoy logra llevar a su máximo esplendor. Quiero hacer de forma breve una sinopsis del largometraje para poder dedicar el resto del artículo a desentrañar el genuino simbolismo que desborda en cada plano, en cada diálogo; rasgos fundamentales para que la mismísima BBC la catalogara como la mejor película del siglo XXI. Véase la icónica lista en el siguiente enlace:


https://www.bbc.com/mundo/noticias-37170228


La joven Betty Elms (Naomi Watts) es una recién llegada a la ciudad de Los Ángeles, donde espera convertirse en una estrella de cine, y aprovechando la ausencia de su tía en la ciudad se hospeda en la casa de su familiar, lugar donde conocerá a la enigmática Rita (Laura Harring), una mujer con claros rasgos de femme fatale que a raíz de sufrir un accidente de tráfico en Mulholland Drive - carretera que bordea las colinas de Hollywood - acaba sufriendo de amnesia severa. Juntas se lanzarán en busca de descubrir quién es realmente Rita y cómo llegó a casa de la tía de Betty.

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Por otro lado, un reconocido director de cine (Justin Theroux) es coaccionado por una organización mafiosa para que elija a una actriz desconocida llamada Camilla Rhodes para protagonizar su nueva película. Carente de talento alguno, acaba provocando un gran rechazo por parte del cineasta pero que no tendrá otra opción que aceptarla para que no acaben con su proyecto.


En mitad de la presentación de los personajes y de los distintos hilos argumentales que presumimos que acabarán conformando el largo metraje - ¡ay, inocentes nosotros! - tiene lugar una escena durante estos primeros veinte minutos que nada tiene que ver con los protagonistas, es mas los dos hombres que aparecen solo saldrán en esta ocasión durante todo el filme. Tal es la anécdota que ni siquiera llegamos a conocer los nombres de estos varones, pero la escena cobrará sentido durante el transcurso de la película, como si de un oasis en mitad de un desierto argumental se tratara, Lynch nos deja esta miga de pan en nuestro camino para que el espectador pueda intuir la verdadera ¿realidad? del filme. Si el comienzo de la película transcurre con claras influencias del cine negro de mediados de siglo XX, con la escena desarrollada en Winkie´s - típica franquicia estadounidense denominada coloquialmente como Diners - David Lynch nos arroja una de las tomas más terroríficas, a mi juicio, de la historia del cine.



Un hombre le confiesa notablemente consternado a su compañero de desayuno que sufre un sueño recurrente en este lugar, refiriéndose al local de Winkie´s donde se encuentran. El segundo hombre escucha de forma condescendiente el relato onírico del primero, y le anima a enfrentarse al miedo que sufre. Con un manejo de cámara de lo más inusual - realiza efectos como si levitara, cambiando de plano-contraplano continuamente - el afectado acabará vivenciando exactamente el sueño que relata al principio de la escena, llegando a presenciar el mayor de los horrores en el parking trasero de Winkie´s.


Como le vuelvo a reiterar al lector/a, estos dos personajes no volverán a aparecer en la película, lo que puede sugerir que nada tiene que ver con el devenir de los protagonistas. ¡Nada más lejos de la realidad!, pienso y defiendo que en esta magnífica escena Lynch expone sus cartas al espectador, le brinda la oportunidad de vislumbrar los recónditos parajes en los que el director está a punto de adentrarse, llevándonos con él sin misericordia.


De aquí en adelante el largometraje se desarrolla como una búsqueda desesperada de la identidad de Rita, lo que provocará una unión muy especial entre ambas protagonistas que llegarán a enamorarse perdidamente una de la otra. La carga erótica de la película no se presentará hasta bien entrado el metraje, y resulta ser el disparo de salida de los giros argumentales tan típicos de David Lynch que dejarán noqueado hasta al más experimentado cinéfilo que nos podamos imaginar.

Mulhooland Drive Fernando Mosteiro Cine
La ciudad de Los Ángeles se presenta en la película como un cementerio de sueños rotos, competencia voraz y desasosiego existencial

Sin llegar a explicar los sucesos con detalle que David Lynch nos va narrando durante el filme, quiero ahondar en los que creo que son los grandes temas, las intrincadas narrativas de esta obra maestra. Si, como se oye. No cabe duda de que estamos ante una pieza irrepetible en la historia del cine.


Por un lado podemos ver la escenificación de un Hollywood deshumanizado, donde las esperanzas de jóvenes actrices - o incluso veteranos directores - se ven truncadas por intereses más allá del propio cine. La representación de la ciudad de Los Ángeles como una jungla de asfalto, escenario proclive para un melodrama de amores y amistades traicionadas, resulta extremadamente cautivadora, lo que acaba seduciendo al ojo del espectador. Mulholland Drive es, al fin y al cabo, la historia de un sueño que se pudre. Pozo de ambiciones tanto sentimentales como profesionales, que terminarán por provocar la mayor de las tragedias que un ser humano puede imaginar.

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Si realizamos el arduo esfuerzo de desentrañar la compleja narrativa que Lynch crea en forma de armazón, descubrimos que la historia que subyace a toda esta experiencia onírica es la de una mujer que sufre, que a raíz de este profundo martirio provocado por una traición amorosa llega a ser capaz de planear un asesinato. La delgada línea que separa el amor del odio es representada de manera magistral por David Lynch, llegando a mostrar sin tapujos las consecuencias derivadas de caer en tal abrupto abismo.


Durante toda la película, el espectador se plantea si lo que está observando es parte de una realidad material y tangible o, por el contrario, resulta fruto de una ficción creada por el director para poder llegar a lo más hondo del inconsciente de sus personajes.

Mulholland Drive Cine Fernando Mosteiro
Rita y Betty en el club "Silencio"

Me parece crucial recalcar, como bien se puede observar en el fotograma anterior, el uso simbólico del color azul en la película. Esto está abierto a debate, ya que por lo que pude investigar no existe una opinión unánime en lo que Lynch trata de expresarnos con el uso cromático del azul a lo largo del filme, pero me atrevería a afirmar que la presencia de este color - que se hace más notorio durante la parte final - nos anuncia la entrada en el mundo de los sueños, lugar donde cualquier cosa puede ocurrir y en la que estamos sujetos a normas totalmente más difusas e incontrolables que en el mundo material. Todo resulta ser parte de una gran ilusión, lugar que adolece de surrealismo en busca de asidero por los pecados cometidos.


Mulholland Drive es una experiencia ritual en toda regla, una catarsis amorosa que no es capaz de convivir consigo misma, creando así historias paralelas ficticias para poder sobrellevar un gran dolor. Pero, como para muchos nos es conocido, Hollywood es el mayor cementerio de ambiciones que conoce la tierra, dejando tras de sí una hilera de cadáveres putrefactos que acaban durmiendo en un sueño eterno.


En la cama de Diane Selwyn.




Pros: bellísima película que no dejará a nadie indiferente, poseedora de un carisma único en el séptimo arte. Que no es decir poco.


Contras: la intrincada narrativa que nos presenta David Lynch puede resultar fatigosa y frustrante para muchos espectadores, siendo un arma de doble filo y que puede provocar una desconexión total del largometraje.


Nota personal:








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